Bien como lo prometido es deuda se les presenta ahora la parte del escrito propiamente dicho por capítulos cortos del material que compone el texto de la narrativa. (esperamos lo disfruten), demás esta decir que aceptamos cualquier tipo de critica, sugerencia o recomendación...Cualquiera sea, será bienvenida y fortalece el animo para cualquiera que se inicie en este mundo de las letras. ¡Gracias!
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Parte I
MUJER INDOBLEGABLE Y DE CORAJE-
Desde un principio
Por aquellas calles empedradas, donde transcurre parte de la infancia de marcopolo; allá en aquel barrio obrero de la San Cristóbal, ciudad de la cordialidad del estado Táchira, en la Venezuela del Siglo XX; se hace notar en medio de un ambiente inhóspito, una joven mujer –madre soltera- quien, día a día trabajaba en el oficio como pulidora de muebles de madera. Su actitud refleja un estoicismo ante un oficio rudo y demoledor; donde, el esfuerzo físico extremo, le desgastaba sus fuerzas en largas jornadas que día a día, se hacían insoportables para su frágil cuerpo, el que dejaba sin aliento sus pulmones y minaban su organismo hasta rebasar el límite de su quebrantable resistencia física. Cada día, se veía obligada a participar en largas y agotadoras jornadas de trabajo, junto a otras obreras que afanosamente pulían madera de caoba, ceiba, roble, apamate, pino; obligada todas a sudar hasta la última gota, para con ello lograr sacar el máximo brillo y convertir cada pieza en arte final, de fino acabado, el que además debía constituir toda una obra de arte, llamativa y que interesara a potenciales compradores.
Betty, la joven mujer de esta breve historia, abnegada mujer trabajadora, de apenas 18 años de edad, ya madre de dos criaturas: miguelangel y marcopolo. Su objetivo primario, trascendental, como para muchas otras madres solteras: ganarse la vida para el sustento de sus dos tripones (niños), y mantener ese trabajo, el mayor tiempo posible. Fue esto último lo que más atesoro; siempre dispuesta a echar pà lante, nunca se le vio amilanada. Llegó a decir en cierta oportunidad: “-a mí no se me muere el muchacho en la barriga-“y aún sin tener suerte en lo sentimental en cuanto a relación de pareja estable, se le notó siempre regocijada, llena de vida, lo cual se permitió entonar estrofas melódicas del aquel entonces (un Andrés Cisneros, por ejemplo), cualquiera fuera los ingratos y difíciles momentos, y miren que fueron muchos y diversos.
El parto de su segundo hijo, marcopolo, se le práctica a través de una partera de profesión, oficio este, habitual para aquellos tiempos.
Del primero de sus hijos –miguelangel- poco se supo; nunca quiso hablar de él; Sin embargo cuando marcopolo, su segundo hijo crece, Betty le narra, que cuando él tenía dos años de edad, fue legitimado o reconocido por ante la ley en la prefectura civil de la barriada mencionada, por su padre biológico, Marco Justo, señor este –cuyo seudónimo cupo como anillo al dedo, no por ser semental, sino porque logra como buen pastelero artesanal cocer para la venta galletas rellenas con pasta pastelera y darle forma de estrella en un reverbero, por ello le asignan el apodo de “el rey de las solteritas”-. Casado, y con hogar constituido formalmente; para Betty este accionar de su pareja lo entendió como o ardid por parte de Marco padre biológico de sus dos hijos –miguelangel y marcopolo-. Simple premonición, la llevan a esa conjetura por el solo hecho, de que la ley del menor para la época (rigió en desmedro de las mujeres solteras), la cual obligaba a toda madre soltera que se embarazase –de cualquier hombre casado-, a mantener y cuidar al niño/a, producto de la relación, una vez nacido; pero sólo hasta los siete años. Cumplida ésta edad, por ley, toda madre soltera perdía la guarda custodia, y se le advertía como obligación que debía entregar el hijo producto de esa unión extraconyugal al hogar constituido por el hombre de estado civil casado. Se argüía, razones de legalidad en cuanto a la estabilidad emocional, social y económica del menor. Es, quizás esto último, la razón de peso, que optó Betty, para no permitirse que su segundo hijo marcopolo corriera la misma suerte que el primero de sus hijos, miguelangel.
Parte II
El cómo y el por qué Betty emprende la travesía de sus sueños atravesando páramos andinos.
Ya en uso de razón y a la edad de cinco años, marcopolo, muchachito de los páramos andinos, vestido de marinerito con bucles y todo, acompañaba a Betty. Pero ella debía llevarlo por imperativo de la ley al hogar paterno, para que éste pasara los domingo de cada semana con sus otros hermanos, -y seguro, que allí pudo estar entre ellos, sin saberlo, su otro hermano, miguelangel-
Rememora, marcopolo, que siendo aún un impúber, Betty, su madre lo dejaba una cuadra antes de la casa don estaba el hogar del padre con su legitima esposa y sus hijos. Al llegar allí, le quitaban el atuendo que traía, y le vestían con un camisón largo, como largo su pesar, para que así pudiese jugar en el patio con el resto de sus hermanos. Que más que familiarizarse con él como hermanastro, le hacían pasar el día domingo de cuadrito.
Una vez terminado el día de visita impuesto por ley, retornaba a la cuadra donde lo esperaba su progenitora Betty –protectora y ángel de la guarda-, quien le arrullaba con besos y caricias, tan necesarias para compensar la cruenta batalla que afrontaba cada domingo un niño de apenas cinco añitos. La referida norma legal fue acatada por largos meses, sólo que Betty, no quiso aceptar la impronta que le causaba tamaña imposición y se declaró en desobediencia civil (implícita); aunado al contraste de la experiencia vivida con su primer hijo y, máxime cuando venía en camino otra criatura producto de ese vientre bendito (aun cuando para la época de este relato no existía ecosonogramas), ella si presentía que estaba en cinta de una hermosa nena; Por tanto Betty, sintió temor, como toda madre perder otro hijo; le aterrorizaba solo el hecho de imaginar que le fueran a quitar por artificios de ley otro de sus hijos. Por ello, una vez dada a luz de mariavictoria, y con apenas tres meses de nacida, Betty le escribe a su mama “chepa” radicada por años en la Caracas de los techos rojos; sin embargo, sin obtener respuestas a sus misivas, toma la decisión ineludible de venirse, cuando inmigra con par de carajitos- uno de cinco años y la otra de apenas meses de nacida-, Para marcopolo, aquella fue una accidentada y larga travesía; viajaron por carreteras angostas, subiendo y bajando cuestas, en un vehículo-modelo apache-, acondicionado de manera rudimentaria sólo para los intrincados viajes, que entre montañas y páramos, entre vómitos y diversos estados anímicos, con leve percepción entre vigilia y el sueño; estoicamente fue un viaje agotador, caracterizado por asimilar, el maltrato físico y anímico del vaivén o vacío que solían dejar para la época, aquellas carreteras trasandinas. Aquel periplo, cubierto por cuatro largos e interminables días que duró la intrepidez del viaje sin retorno, de Betty con sus tripones (niños).
Parte III
Betty, ante la descomunal ciudad capital de los valles de Caracas.
Ya al cuarto día de haber finalizado tan agotadora odisea que significo aquel viaje por rutas trasandinas, llegan maltrechos los pasajeros, en su mayoría gochos”(andinos), a la exuberante urbanización de clase media baja para la época “Delgado Chalbaud” – hoy parroquia de Coche- de la tan nombrada Caracas, emparejadas por sus casas de los techos de tejas que desde la lejanía parecían de color rojo. Cuando al bajar Betty con sus vástagos de aquel extraño vehículo que les trasportó, frente a una elegante y señorial quinta de la referida urbanización, los compañeros de viaje se asombran y uno de ellos le dice boquiabierto: “-Cará, paisana, ¿Cómo hizo para que la aceptaran con micos –muchachos- y todo”; Betty no se inmuta, voltea y riposta: “-Saben cómo es la cosa, que esta casota es de mi hermano, y el, que es muy rico me mandó a buscar…Para que se lo cepillen”
Un vez que Betty llega a la puerta de la imponente residencia toca el timbre de la mansión, y ya ido el transporte trasandino que los llevó hasta allí, salió a recibir la comitiva andina la esposa del referido hermano “rico”; señora por lo demás amable, familiar y con la mayor cordialidad, les recibió espléndidamente, flanqueando la entrada principal, y los invita a pasar a la sala de recibo de tan lujosa residencia. De seguida llamó por teléfono al esposo, el hermano “rico” de Betty, y con el mismo entusiasmo propio de la señora, le notifica la buena nueva del arribo de Betty- su hermana- con par de sobrinos gochitos. Aún las ciencias de la psicología, sociología del hombre y otras, no precisan el cómo o el porqué del corolario: “El hombre puede pasar de la euforia al desconsuelo en un cerrar y abrir de ojos”; marcopolo, recuerda que entraron por la puerta principal y salieron por la de la cocina. Y por instrucciones precisas del tío “rico” les regresan en una carrera de carro –taxis- para el cerro donde vivía la abuela “chepa”.
Instalada con sus dos hijos, Betty en casa de su madre “chepa”, hogar donde además viven dos de sus hermanos (charle el grillo y toni el conejo) el primero casado con “doña martirio” y, el otro un adolescente. Betty tuvo que emplearse como doméstica en casa de familia, que para marcopolo a su edad era todo aquello una maravilla el saborear los espaguetis que cocinaba “doña martirio” salpicados con bastante salsa de tomates “pampero” y con suficiente queso parmesano. Y lo otro, por el nuevo empleo de su mamá como domestica; se sintió que ese lugar el trato que le dispensara “doña Celina” como patrona o dueña de casa, era refrescante y de consideración, tanto para él como para con su progenitora.
Por las tardes, una vez concluida la faena doméstica, Betty retorna con su marcopolo al cerro capitalino, donde les aguardaba mariavictoria-niña de meses- quien estaba al cuido de “doña martirio”.
Betty, llego en su momento a sentirse arrimada entre sus familiares. Esto la obliga a buscar nuevos horizontes y, logra comprar un banqueo –terreno, parcela- con el dinero que le facilita “doña Celina”, su empleadora, en calidad de préstamo por adelanto de servicios domésticos, pero aún con toda esta facilidad no dispone de otros recursos dinerarios para comprar tablas o cajones de madera, y con ellas poder instalar las paredes del rancho (casucha) en construcción. He ahí lo heroico de esta mujer de empuje, que siendo madre soltera; no la abate las dificultades o limitaciones; logra mudarse, y opta por colocar sabanas de tela en contorno para formar las paredes del rancho y de esta manera guarecerse y resguardar de la intemperie a sus dos tripones.
Continúa el próxima edición
domingo, 21 de abril de 2019
MUJER INDOBLEGABLE Y DE CORAJE
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