“”
Esta historia me la contó mi mamá, que se la contó mi abuelita.
Había una señora en el pueblo llamada María que era costurera. Era muy solicitada en el pueblo ya que su trabajo era impecable, en el día se dedicaba a visitar a sus vecinas para platicar de chismes y ya hasta hacerse de noche se dedicaba a coser y hacer su trabajo junto con pendientes, se quedaba hasta muy tarde.
Un noche ella estaba cosiendo, eran las 12 de la madrugada, cuando comenzó a escuchar afuera de su casa unos sonidos muy extraños, como pasos y gruñidos, en su tiempo que tenía ella trabajando en la madrugada jamás había escuchado ruidos extraños por lo que dejó pendiente su trabajo, se paró de la silla y se dirigió hacía la puerta de su casa para escuchar mejor, se acercó cada vez más hasta el grado de poner la oreja pegada a la puerta, y los sonidos que habían dejaron de escucharse.
Extrañada quitó la oreja de la puerta y lentamente retrocede, para su sorpresa vió por debajo de la puerta una sombra reflejada por unos pies como si alguien se encontrara justo afuera de la puerta de su casa, María estaba muy asustada, pues lo que pensaba en ese momento era quien podría estar a altas horas de la noche afuera de su casa.
María no podía dejar de ver la sombra parada al otro lado de la puerta, simplemente no hacía ruido solo duró parado ahí durante minutos y María no tenía idea de lo que pasaba en ese momento.
Después de unos minutos la “misteriosa persona” que se encontraba afuera empezó a tocar la puerta muy despacio, María estaba aterrada y decidió no abrir la puerta simplemente esperaba a que esa persona que la atormentaba se fuera de su casa, después de un rato ve que la sombra se retira dando unas pisadas muy fuertes contra el piso y María comenzó a tranquilizarse pero inesperadamente escuchó una escalofriante voz, que provenía de una de las ventanas que se encontraba cerradas, dijo: “Vuelvo por ti”. María estaba aterrada, corrió hacía su cuarto y se encerró completamente hasta que amaneciera.
A la mañana siguiente María quería reportar lo sucedido pero al salir de su casa vió que en la ventana donde había escuchado esa escalofriante voz se encontraba un hueso humano muy pequeño, ella sabía que no era nada normal lo que había sucedido y más al ver aquel hueso puesto en su ventana así que decidió tomarlo con una tela y envolverlo para llevarlo al templo de la iglesia del pueblo y enseñársela al cura.
Al llegar le platica todo lo sucedido al Curay le muestra el hueso encontrado, el Cura estaba sorprendido viendo el hueso fijamente y viendo a María, le dijo que lo que sea que fuera lo que estaba en la casa de ella esa noche iba a regresar para intentar llevársela, María estaba aterrada y comenzó a llorar, sus manos no dejaban de temblar, el Cura le dijo que la única solución era conseguir un bebé menor de un año y al momento de que aquella siniestra entidad llegara, tendría que hacer que el bebé llorara, al mencionarle esto el Cura y María comenzaron hacer unas oraciones para protegerse contra el mal y después se retiró.
Más tarde María hizo un esfuerzo y no paró hasta que consiguió un bebé que una de sus vecinas se tentó el corazón y preocupada por la situación de María decide ayudarla. María con nervios y asustada se preparó y espero que llegara la noche.
Al caer la noche, mientras las calles del pueblo se escuchaban completamente en absoluto silencio, María y su vecina junto con el bebé que se encontraba dormido estaban preparadas de recibir aquel siniestro ser.
Eran las 12 de la madrugada cuando María y su vecina escuchaban a lo lejos unas pisadas muy fuertes contra el piso, las escuchaban muy lejos y poco a poco cada vez más cerca, el miedo comenzaba a invadirlas sin control, María solo decía “Es él, viene por mi!”.
Cuando las pisadas se escucharon justo afuera de la puerta de la entrada se veía de nuevo la sombra de dos pies por debajo de la puerta, de pronto se escuchó que tocaron la puerta pero ahora con mucha fuerza, tanto que la puerta temblaba, la vecina rápidamente le dió a María al bebé para que lo despertara y así fue, él niño despertó y comenzó a llorar desesperadamente, lo que sea que estaba afuera soltó un fuerte gruñido y comenzó a correr alrededor de la casa desesperado, María y su vecina se juntaron junto con el bebé y se escondieron por debajo de una mesa, hasta que se dejó escuchar aquel misterioso y espeluznante ser correr.
Avanzada la noche y sin escuchar ningún ruido un buen rato, salieron más tranquilas de su escondite, mientras comenzaron a caminar para dirigirse al cuarto a descansar, María pasó por la puerta de la entrada y al dirigir su mirada al terminar la puerta, ve la sombra de los pies parado en la parte de afuera de su puerta.
María nuevamente aterrada y en shock comienza a caminar retrocediendo alejándose de ahí pero sin quitar la mirada, tenía sus ojos llorosos de miedo. Escuchó la voz aterradora que venía de afuera de la puerta y le dijo “Te salvaste por alma pura” y concluyó diciendo “La noche se hizo para dormir”.
Aquella entidad maligna desapareció y María no volvió a saber de esa entidad jamás.💤💀💤💀💤💀
Anónimo (convocatoria de relatos de terror Edy Doo)
viernes, 31 de mayo de 2019
La noche se hizo para dormir
Adjetivos poéticos
Undívago, que es llevado por las olas o se mueve como ellas
Algente, frío en extremo
Álgido, frío o momento culminante
Procela, tormenta
Alígero, dotado de alas
Perlar, cubrir o salpicar de gotas, lágrimas, reflejos
Astrífero, lleno de estrellas
Nemoroso, lleno de bosques
Clivoso, en cuesta
Sitibundo, con sed
Nubífero, que trae nubes
Coruscante, que brilla
Curruscante, alimento que cruje
Mirífico, admirable
Intempesta, hora entrada de la noche
Intempestivo, fuera de hora
Estufido, expresión de enojo
Armipontente, poderoso en armas
Arpado, para referirse a un pájaro de canto grato
Aurífero, que lleva oro
Aurífluo, que arrastra oro
Belígero, guerrero
Crinado, de cabello largo
jueves, 30 de mayo de 2019
El estatuto de la verdad
[5/30 06:31 PM] Carlos Upegui: La cantidad de gente que está inscrita en cada uno de los tres estatutos de la verdad, es directamente proporcional al tiempo transcurrido desde que iniciaron.
El mito tiene millones de años. Como ya lo indiqué, es tan antiguo como la humanidad.
La religión (entendida como el estatuto a partir del monoteísmo) tiene miles de años. No más de tres mil.
La ciencia, en cambio, tiene unos cientos de años. Es muy reciente comparada con las anteriores formas de conocimiento.
[5/30 06:34 PM] Carlos Upegui: Como consecuencia de lo anterior, hay un predominio indiscutible de creencias basadas en mitos y supersticiones.
Sin embargo, el sujeto de la ciencia ha demostrado en este corto tiempo, que puede conseguir desarrollos importantes para la humanidad.
[5/30 06:36 PM] Carlos Upegui: Más del ochenta por ciento de la humanidad permanece cerrada y lejos del conocimiento científico.
[5/30 06:40 PM] Carlos Upegui: Incluso muchos de ellos, cuando ven las inconsistencias del pensamiento religioso, prefieren regresar al mundo mítico de las supersticiones, antes de asumir una postura crítica y objetiva sobre la realidad que los rodea.
Verbo y gracia la famosa era de acuario, una propuesta de vida llena de mentiras, engaños y falsas promesas.
Al parecer, al gran grueso de la humanidad le gustaría vivir en un mundo de dulces mentiras y engaños, que en uno de amargas verdades.
domingo, 26 de mayo de 2019
Un saludo
[5/26 05:48 PM] +51 973 878 642: Un saludo para aquellos que dicen que los judios gobernamos el mundo y que nuestra unica intencion es la destruccion total de todas las razas delmundo; un saludo para quienes nos culpan de forjar un nuevo sistema global;un saludo para quienes dicen que controlamos la tasa de natalidad de los paises; un saludo para aquellos que dicen que estamos en el wall street moviendo los hilos y desplomando economias e incitando a crisis; un saludo para todos
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sábado, 25 de mayo de 2019
John Wick.
- Dicen que cuando John Wick nació,
él le dio la nalgada al doctor.
- Cuando John Wick iba a la escuela,
la maestra le pedía permiso para salir al baño.
- Cuando los papás de John Wick tenían miedo, se iban a dormir con él.
- Una vez John Wick no fue a clase dos días...
Hoy en día se conocen como sábado y domingo.
- John Wick, se corta las uñas de la mano derecha, con la mano derecha.
- Cuando John Wick se fue de la casa de sus padres, su papá pasó a ser el hombre de la casa.
- Una vez a John Wick le impactó un rayo, y el rayo murió electrocutado.
- Dicen que cuando se inventó el teléfono, Chock Conoors ya tenía dos llamadas perdidas de John Wick.
- Cuando John Wick se mira en el espejo, no ve su reflejo, porque sólo puede haber un John Wick.
- Si John Wick llega a tu casa, el invitado eres tú.
- Dicen que John Wick, usa gafas para no dañar al sol.
- Dicen que John Wick, le ganó una competencia de no respirar bajo el agua a un pez.
- Una vez John Wick llegó tarde a clases, y el profesor regañó a los demás por llegar temprano.
*Sólo por salir de la monotonía *
jueves, 23 de mayo de 2019
Paganini
Niccoló Paganini «El violinista del diablo»
En los conciertos corría, brincaba, retorcía su cuerpo hasta límites insospechados y todo esto mientras tocaba su instrumento al que, a pesar de quedarle solamente una cuerda, lograba arrancarle unos sonidos absolutamente fantásticos. El público, que acudía en masa a todos sus espectáculos, no daba crédito a lo que veía y escuchaba. Los hombres lo vitoreaban y aplaudían, las mujeres se desmayaban entre jadeos y todos parecían quedar extasiados ante su magistral música y su capacidad artística.Posiblemente algunos de ustedes piensen que estoy describiendo algún concierto de rock moderno. Tal vez uno de Mike Jagger en sus buenos tiempos o quizás Jimy Hendrix que prendía fuego a sus guitarras.
Pero no, estoy hablando de un violinista, de hecho, el mejor violinista de la historia: Niccoló Paganini, italiano que destacó por un virtuosismo nunca antes visto.
El mito de Paganini se comenzó a fraguar cuando tenía 5 años. Su madre aseguró haber tenido un sueño en el que se le apareció el demonio y le dijo que su hijo Niccoló sería un violinista famoso. A partir de entonces su padre le obligó a estudiar música durante 10 horas al día.
Rápidamente comenzó a dar muestras de su enorme talento musical y con 6 años dio su primer concierto, a los 9 hizo su primera gira y a los 16 ya era mundialmente famoso. Comenzó a dar conciertos por toda Europa y su fama se elevó hasta límites inimaginables para la época amasando una gran fortuna que dilapidaba en fiestas y juegos de azar. Además, su popularidad como músico sólo era superada por su fama de mujeriego. Decían de él que a pesar de ser “feo y descuidado” ejercía una extraña y poderosa atracción a las mujeres. No en vano tuvo un lío con las dos hermanas del emperador Napoleón Bonaparte, entre otras muchas.
Pero lo más sorprendente de Paganini era, sin duda, su genio musical. Y no sólo por crear más de 200 composiciones musicales sino, sobre todo, por su increíble y peculiar técnica a la hora de tocar el violín.
Su cuerpo alto y desgarbado poseía un flexibilidad especial que le permitía realizar movimientos imposibles para cualquier otro, como cruzar los codos uno por encima de otro mientras tocaba o flexionar lateralmente las articulaciones de sus dedos consiguiendo llegar a notas inalcanzables para la mayoría de los mortales.
Una de sus habilidades más aplaudidas era cuando retiraba tres de las cuatro cuerdas del violín y con esa única cuerda hacía sonar el violín como si fueran varios los que se tocaran. También era capaz de hacer increíbles Pizzicatos (pellizcar las cuerdas) con la mano izquierda, la mano de los trastes
Pero esta habilidad tenía un pequeño secreto y no se trataba, según se rumoreaba entonces, de un pacto con el diablo. En realidad se piensa que Paganini sufría del síndrome de Marfan, una enfermedad que afecta al tejido conectivo, lo que le da a quien lo padece largas y flexibles extremidades.
Como su genialidad musical surgió a una edad muy temprana, alcanzó las mieles de éxito muy joven, pero con ese éxito vino una vida plagada por el desorden y los abusos. Paganini, con tan sólo 16 años, llegó a perder tanto dinero que en varias ocasiones llegó a dejar empeñado su violín para poder cubrir sus deudas de juego. Pero al final, terminó librándose del vicio y nunca más se acercó a una mesa de apuestas.
Paganini era capaz de tocar a la espectacular velocidad de doce notas por segundo. Ese es el tiempo que la mayoría de los músicos tardan en leer doce notas. También innovó con sus técnicas de memorización; antes de él, todos los violinistas iban acompañados del programa que debía ser tocado. Paganini, a su vez, acostumbraba simplemente a subirse al escenario con su instrumento, sacudiendo su larga cabellera y poniéndose a tocar. Todo el programa estaba en su memoria.
Con todo ese talento extraordinario, el virtuoso violinista se convirtió en leyenda. Asociada a la increíble velocidad que alcanzaba cuando tocaba, estaba su apariencia cadavérica, que causaba cierto terror en las personas que tenían miedo de asistir a sus presentaciones. Niccoló medía 1.65 metros de alto, era muy delgado, tanto que su cuerpo y extremidades asemejaban a líneas largas y sinuosas, de cara muy pálida y rasgos marcados, ojos de águila (oscuros y penetrantes), nariz puntiaguda, cabellera larga ondulada que caía sobre sus delgados hombros. No era de extrañar, el hombre vivió toda su vida luchando contra una enfermedad severa que le exigía una dieta rigurosa y muchas horas de sueño. En la época, sin embargo, muchos creían que Paganini había vendido su alma al diablo a cambio de su perfección musical.
En 1840 Paganini cayó muy enfermo, y algunos días antes de su muerte el obispo de Niza acudió a visitarlo, pero Paganini se rehusó a verlo, insistiendo en que no estaba agonizante, que aún le quedaba mucho tiempo más de vida. Pero murió, y no hubo tiempo para que recibiera los sacramentos finales. Debido a esto, la iglesia se rehusó a concederle un entierro en un campo santo. Solo después de cinco años de la muerte de Paganini, su hijo, apelando directamente al Papa, obtuvo un permiso para enterrar el cuerpo del gran violinista en la iglesia del pueblo en las proximidades de Vila Gaiona en Italia.
¿Amigos?
VERDADES AMARGAS
Yo no quiero mirar lo que he mirado
a través del cristal de la experiencia;
El mundo es un mercado en que se
Compran; honores, voluntades y conciencia.
¿Amigos?... ¡Es mentira, no hay amigos!
La amistad verdadera es ilusión,
ella cambia, se aleja y desaparece
con los giros que da la situación.
Amigos complacientes sólo tienen
los que disfrutan de venturas y calma,
pero aquellos que abate el infortunio
sólo tienen tristeza en el alma.
Si estamos bien, nos tratan con cariño
nos buscan, nos invitan, nos adulan:
más si acaso caemos, francamente
sólo por cumplimiento nos saludan.
En este laberinto de la vida,
donde tanto domina la maldad,
todo tiene su precio estipulado:
amores, parentescos y amistad.
El que nada atesora, nada vale,
en toda reunión pasa por necio,
y por más noble que sus hechos sean,
lo que alcanza es la burla y el desprecio.
Lo que brilla nomás tiene cabida
y auque brille por oro lo que es cobre,
lo que no perdonamos en la vida
es el atroz delito de ser pobre.
La corrupción, el vicio y hasta el crimen
puede tener su puesto señalado;
las llagas del defecto no se miran
si las cubre un diamante bien cortado.
La sociedad que adora su desdoro
persigue con gran saña al criminal,
más si el puñal del asesino es de oro,
enmudece… ¡y el juez besa el puñal!
Nada humano es perfecto y nada afable,
todo está con lo impuro entremezclado,
el mismo corazón, con ser tan noble,
¡cuántas veces se muestra enmascarado!
Que existe la virtud, yo no lo niego,
pero siempre en conjunto defectuoso:
hay rasgos de virtud en el malvado,
hay rasgos de maldad en el virtuoso.
Cuando veo a mi paso tanta infamia
y que mancha a mi planta tanto lodo,
ganas me da de maldecir la vida,
ganas me da de maldecir de todo.
A nadie habrá de herir lo que aquí digo,
porque ceñido a la verdad estoy:
me dieron a liberar hiel y veneno
hiel y veneno en recompensa doy.
Pero si tengo las palabras toscas
de estas líneas oscuras y sin nombre
doblando las rodillas en el polvo,
pido perdón a Dios, pero no al hombre.
lunes, 20 de mayo de 2019
El viejo brujo
Cuenta una vieja leyenda, que una vez llegaron hasta la tienda de un viejo brujo, dos jóvenes tomados de la mano.
—Nos amamos—empezó el joven.
—Y nos vamos a casar—dijo ella.
Nos queremos tanto que tenemos miedo, queremos un hechizo, un conjuro, un talismán, algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, hasta el día de la muerte.
—Por favor, preguntaron, ¿hay algo que podamos hacer?
El viejo los miró tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
—Hay algo—dijo el viejo. Después de una larga pausa.
Pero no sé, es una tarea muy difícil y sacrificada.
—No importa—dijeron los dos. Lo que sea—ratificaron.
—Bien, dijo el brujo, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea?
Dijo dirigiéndose a la muchacha; deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día, después de la luna llena, ¿comprendiste?
La joven asintió en silencio.
Y tú, siguió el brujo dirigiéndose al muchacho, deberás escalar la Montaña del Trueno, cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y, solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas, y has de traerla viva, el mismo día.
¡Salgan ahora! ¡Vayan a cumplir!
Los jóvenes se miraron con ternura, y después de una fugaz sonrisa, salieron a cumplir la misión encomendada. Ella hacia el norte, y él hacia el sur.
El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela, que contenían las aves solicitadas. El brujo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo brujo las aves cazadas. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.
—¿Volaban alto?—preguntó el brujo.
—Sí, sin duda—contestaron los jóvenes enamorados.
—¿Y ahora?—preguntó el joven. ¿Las mataremos y beberemos de su sangre?
—No—dijo el viejo.
—¿Las cocinaremos y comeremos su carne?—preguntó la joven.
—No, repitió el viejo. Harán lo que les digo.
Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero, cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres. Los jóvenes hicieron lo que se les pidió y las soltaron.
El águila y el halcón intentaron levantar vuelo, pero solo consiguieron revolcarse en el suelo. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad de volar, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.
Este es el conjuro, dijo el brujo.
Jamás olviden lo que han visto. Ustedes son como un águila y un halcón, si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro.
Si quieren que el amor entre ustedes perdure... ¡¡VUELEN JUNTOS, PERO JAMÁS ATADOS!!
domingo, 19 de mayo de 2019
Sitios web
ÁLGEBRA
https://drive.google.com/drive/folders/0BzEr142A_5uMVUFLc2FuY3U2b1k
Baldor
https://drive.google.com/file/d/0B4YSLQEAEizaYmZjNjM1OTAtY2JkYy00ZGMxLWI1YmEtODVlMTc4MmVjNDg4/view?hl=es
Álgebra lineal
https://drive.google.com/file/d/1Y8HkFGPVDopPE8n0T3C7wpcD5xPhwtp5/view
ANÁLISIS MATEMÁTICO
https://drive.google.com/drive/folders/0BzEr142A_5uMdDQzZTMzSndmdGc
CÁLCULO
https://drive.google.com/drive/folders/0BzEr142A_5uMNmRSZkUyVkxqbmc
ECUACIONES
https://drive.google.com/drive/folders/0BzEr142A_5uMSXJYblNIc1dSbW8
EDITORIAL LUMBRERAS
https://drive.google.com/drive/folders/0BzEr142A_5uMUE9LUzVpRW1CVGM
ESTADÍSTICA
https://drive.google.com/drive/folders/0BzEr142A_5uMbmVSQVpUeDBYRG8
FÍSICA
https://drive.google.com/drive/folders/0BzEr142A_5uMbFRyS3NKNjRpWlU
GEOMETRÍA y TRIGONOMETRÍA
https://drive.google.com/drive/folders/0BzEr142A_5uMMEFSbHJJeS1ZZnM
MATEMÁTICAS
https://drive.google.com/drive/folders/0BzEr142A_5uMaTFEN2c2d3lMZU0
MECÁNICA, ELECTRÓNICA
https://drive.google.com/drive/folders/0BzEr142A_5uMM0hNREE1ZmhpTkU
PRECÁLCULO
https://drive.google.com/drive/folders/0BzEr142A_5uMaWl5NGpiQWZlU3M
QUÍMICA
https://drive.google.com/drive/folders/0BzEr142A_5uMdmtiSUtNSFY4Ujg
https://drive.google.com/folderview?id=1E3INUln-Ap2Gdghyfw_EcfkX5EfZQH-a
Calma
Calma. El universo tiene unos 13700 millones de años. El sistema solar, unos cinco mil millones de años. La tierra, unos 4500 millones de años. La vida sobre La Tierra, unos 3500 millones de años. Los primeros homínidos, unos diez millones de años. La especie Homo, unos tres millones de años. El homo sapiens, o sea nuestros antepasados más cercanos, unos dos millones de años. El homo sapiens sapiens, o sea nosotros, más de un millón de años.
¿Todo esto para que tú vengas a decir que estamos locos?
sábado, 18 de mayo de 2019
MATRIMONIOS SIN HIJOS
Una de las modas negativas que se estilan es la de que demasiadas parejas se cuidan muy bien en su idea de no tener hijos. Dada la fragilidad de los matrimonios actuales que se juntan y se separan con la facilidad con que cambian de chaqueta porque ésta ya no está de moda, tiene las solapas anchas, el motivo debe ser en muchos casos que, si se plantea la circunstancia de separarse - prevenidos, ya cuentan con eso- sin hijos la cosa es menos complicada. O simplemente porque "hay que pasarlo bien ahora que somos jóvenes y para ello los hijos son un estorbo". Está claro que, dada la corriente de consumismo que impera, "un hijo origina muchos gastos". Y porque en el ansia generalizada de viajar , para hacerlo los hijos son un estorbo. Quizá esto no es frecuente, no lo sé, pero conozco un par de casos en los que dos parejas, una de mi edad más o menos y la otra de más jóvenes, vivían a lo grande, como en "tiempos de vino y rosas", disfrutando a tope, viajando lo más lejos posible en las vacaciones porque consideraban que que cuanto más distante lo hicieran más lucía al contarlo a los amigos. ¿Fueron realmente más felices?. Quizás sí, pero viven aún ambas parejas, no se separaron pero sé que que su vida es un calvario, que se aguantan mutuamente y el último tramo de su vida es lo que se dice auténticamente de amargados. Los países desarrollados tienen un problema serio en la crisis de natalidad. ¿Será cosa de que ya no se resuelva en la cama como viene siendo lo habitual sino a base de robots, que están en alza y parece que valen para todo?. ¿A qué logros llegará la humanidad en su carrera alocada y no siempre en resultados positivos?. " O tempora, o mores..."
Mi abuela
-otro pequeño cuento-
"No me gustaba ir a la casa de la abuela, olía raro, todo era viejo y ella solo se la pasaba en su sillón sin moverse. Mis padres me impedían que me acercara, temían que la molestara. Así fue durante un año.
Un día, mi carrito, con el que jugaba, se fue debajo del sillón de mi abuela, con miedo, fui por él, cuidando que mis padres no me vieran. Al sacarlo, sentí una mano rozando mi espalda, miré y era mi abuela que balbuceaba, y después de unos segundos, entendí que pedía ayuda. En eso, entró mi padre y mi abuela se quedó quieta.
Desde ese día, busqué la forma de acercarme a mi abuela, que con mucho esfuerzo, me pidió que cambiara las pastillas del frasco de medicina. Lo hice y le puse otras pastillas que ella me dijo de dónde agarrar. Con los días, la noté mejor, pero cuando aparecían mis padres, ella volvía a quedarse inmóvil. Con los días, mi abuela me dijo que si ponía gotas de un frasco negro sobre las bebidas de mis padres me daría toda su herencia...yo tenía 12 años, pero sabía lo que era una herencia, así que lo hice. Mis padres tomaron las bebidas y quedaron profundamente dormidos. Mi abuela entonces, habló bien y me dijo que la desatara de la espalda (la tenían amarrada y nunca me di cuenta). Después, me pidió llamar a la policía. Cuando llegó la policía, mis padres despertaban y escuchaban cuando mi abuela los acusó de secuestro y envenenamiento, para así quedarse con la herencia, también les contó que yo la había salvado. Mis padres intentaron safarse para golpearme, pero la policía les disparó...
Hoy han pasado 6 años, mi abuela y yo vivimos en Miami. Ya cumplí la mayoría de edad.
Mi abuela me contó que cuando les dijo a mis padres que su herencia sería para mí, ellos la amarraron y la envenenaban poco a poco, para que al morir, no causara sospecha. Lo que mi abuela no sabe, es que yo escuché a mis padres hablar una noche de su plan, por eso me dispuse a ayudarla... era obvio que no permitiría que me robaran la herencia de la abuela...
Mi abuela me dijo que cuando ella muera, ya podría usar el dinero como quiera, así que... creo que la abuela tendrá un accidente en las escaleras mañana...."
Autor (betu)
viernes, 17 de mayo de 2019
Efecto Flynn
Cuento 19
Mayo 17
Cuando tenía diez y siete años y estaba por graduarme del colegio mi madre preocupada por mi falta de interés y vocación para nada, me llevó a un centro de evaluación. Era un lugar lleno de psicólogos educativos y gente que tenía que lidiar con gente que tenía problemas de aprendizaje. Sentado en la sala de espera me preguntaba ¿qué hacía yo ahí?.
Tras un saludo cordial e introducción procedieron a tomarme pruebas psicométricas y de coeficiente intelectual. Tras un par de horas de elección múltiple y cosas raras regresamos a la casa. Varios días después nos citaron para darnos los resultados. Vaya sorpresa, había hecho sonar la Campana de Gauss puesto que salí demasiado bien. Mi índice se ubicaba muy por encima de la media. Sentado en la oficina de esa atractiva psicóloga a la que no podía de dejarle ver las piernas, mi madre escuchaba atentamente tratando de entender, imagino que se estaría preguntando, ¿este?
Vamos que mi historia escolar no era para nada llamativo. Nunca fui malo, pero tampoco el primero de la clase, pasaba aburrido. Nunca estudié nada para un examen y aún así lo lograba. Frente a la doctora, mi madre me preguntó con una ternura escalofriante si había hecho trampa. Ambas se miraron confundidas y yo no supe que sentir.
Volvimos a la casa y mi madre que había empezado a aceptar que si, probablemente yo era inteligente, de pronto se sintió orgullosa. Me dio una cena espectacular digna de un genio. Atún (que todos sabemos contiene omega 3) y papas fritas.
Más tarde la escuché hablando con un tío contándole las buenas nuevas. Creo que la noticia se esparció como pólvora porque al otro día nos vinieron a visitar algunos familiares quienes me miraban como bicho raro. Yo me había puesto una camiseta vieja y un pantalón jean desgastado, igual que el día anterior y el anterior a ese. Creo que todos se preguntaban, ¿este?
Terminé el colegio y mi madre sugirió que no desperdicie el tiempo e inmediatamente entre a estudiar economía. Eso me hizo erizar los cabellos de las espalda. Me dije a mi mismo, ¿economía, este? No faltó decir que me auto sabotee las pruebas y no aprobé el ingreso.
Yo no quería ser nada en la vida, ni economista, ni doctor ni ingeniero, pero aún contador. Quería ser panadero, francotirador o algún tipo de artista, un escritor por ejemplo, es decir una especie de vago subsidiado.
Tras mi fracaso pre universitario un tío me dio la oportunidad de trabajar en su empresa. Ahí, tras dos días de sacar copias e ingresar datos en una computadora, entendí perfectamente lo que es estar desubicado. Decidí tomarme un año sabático viajando a algún lugar lejano. Entonces fui a parar a un país europeo lleno de esa pesada historia que tienen por allá. Solicité empleo en una panadería de la esquina donde vivía y empecé a trabajar esa misma madrugada. Pasé algunos años ahí. Fue increíble aprender los trucos de una buena masa madre o las formas de acelerar el proceso de leuda.
Un día mientras acomodaba esa gran variedad de hermosos panes en la estantería entró una mujer atractiva. Me tocó el hombro para hacerme una pregunta. Al girar la reconocí. Era una vieja amiga del barrio quién por esas cosas de la vida había migrado hace unos años aquí y recientemente se cambió de barrio. Conversamos alegremente en nuestro idioma, eso era tan satisfactorio. Terminamos en la cama unos días después. Tenía veinte y siete años.
A los treinta y siete tuvimos nuestro primer hijo y nuestra primera panadería propia. A los cuarenta y siete viajamos a conocer algunos países que siempre habíamos querido conocer. Juntos logramos comprar una pequeña casa a las afueras y tuvimos un jardín donde se podía sembrar de todo en primavera. Comimos y vivimos durante largos años. Siempre tuvimos suerte en todo y salvo los inevitables acontecimientos de la vida, nos fue muy bien.
Hoy, mis nietos han venido a visitar mi tumba. Su padre los trae cada cierto tiempo y les cuenta mi historia. Una historia simple y sencilla. No se demora mucho porque no hay mucho que contar. Todo me lo llevé, nos lo llevamos. Se tarda apenas siete minutos en decirles que su abuelo era un hombre muy inteligente y bueno. Cuando fue joven y estuvo parado frente al camino de la vida, pudo ser lo que sea y decidió ser panadero. Fue feliz muchos años les dice, y agrega, creo. Siempre decía que si tienes una buena vida al envejecer eres más inteligente que cuando joven. Los niños que apenas me conocieron, se miran entre ellos y se preguntan, ¿este?...
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viernes, 3 de mayo de 2019
El último orgasmo
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de Fernando Vallejo
En ‘Memorias de un hijueputa’, el escritor recupera la fuerza de su pluma, la brillantez poética, la lucidez del discurso y el esplendor oscuro de su genial irreverencia
Por: Juan Mario Sánchez Cuervo
Mayo 02, 2019
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Venero a los irreverentes; los que no le lamen el culo a nadie; los que no tienen pelos en la lengua; los que se cagan en su majestades y excelencias; los que en un mundo inhumano han alcanzado la verdadera humanidad; los que escriben con sangre y dejan las entrañas en el papel; los deslenguados y blasfemos cuyo interior arde en azufre; los que ridiculizan a los “poderosos”; los que vomitan sobre dogmas y verdades; los que derriban a los dioses de sus pedestales; los que defenestran a los políticos, a los religiosos, a los hipócritas. Venero a los rebeldes, los apóstatas, los relapsos, los herejes que no le temen a la hoguera; los ángeles caídos que iluminan el mundo; los que dicen lo que yo no sería capaz de decir; los que hacen lo que no sería capaz de hacer. Es decir, venero a los que son como Fernando Vallejo, y como él solo hay uno y para fortuna es colombiano, y no me importa que con su nueva obra venga a acabar con todo lo habido y por haber, incluida Colombia, la asesina, la imbécil, la miserable, la mezquina: honorables títulos otorgados por él.
Debo reconocer ante la opinión pública que yo daba por muerto al escritor colombiano vivo más importante. Digo muerto en términos literarios. Así lo expresé en un ensayo que apareció en este mismo medio y titulado El día que Fernando Vallejo muera. Pero como lo cortés no quita lo valiente, celebro esta reaparición genial de nuestro mejor escritor vivo, algo que siempre sostuve y sostengo, aunque le duela a más de un ego de los que sobreabundan en los medios culturales y artísticos. En este sentido, después de que publicara El Don de la vida, El Cuervo blanco, Casablanca la bella y ¡Llegaron! (en mi concepto, obras muy flojas e intrascendentes), Fernando Vallejo se reencuentra con su
mejor versión en Memorias de un hijueputa; lo que quiere decir que recuperó la
fuerza de su pluma, la brillantez poética, la lucidez del discurso y el esplendor
oscuro de su genial irreverencia. De hecho su último libro es un orgasmo, un orgasmo rabioso, furibundo, prolongado, con espumarajos y convulsiones propias de un iluminado epiléptico. La clase de orgasmos que acontecen después de una prolongada abstinencia, de una soledad profunda y dolorosa, de una rabiecita menudita que va creciendo hasta convertirse en un río revuelto que arrasa con todo lo que se encuentre a su paso: un Vallejo con rabia acumulada, sin lugar a dudas, produce páginas geniales. Por eso me atrevo a afirmar que la reciente publicación tiene una calidad literaria impecable, muy parecida a sus inolvidables novelas La Virgen de los sicarios, El Desbarrancadero, La puta de Babilonia y El río del tiempo; en efecto, en estas memorias el estilo es brioso, endemoniado, violento, contundente en su fuerza desde la primera hasta la última página. Es gracias a esta energía desmesurada que el déspota, pero justiciero protagonista de este relato, no deja títere con cabeza en su noble propósito de eliminar toda la maleza de aquí y de allá, de esta esquina y de la otra, de la derecha, de la izquierda, del centro, de arriba, de abajo… En un país atropellado por los políticos, los curas, las sectas cristianas, el fútbol, la farándula, el engaño, la mentira, la delincuencia, la corrupción, la indecencia, la mala educación, la incultura, la falta de respeto, los mendigos, la pobreza, la estupidez, los motociclistas, los conductores irresponsables, y un extenso etcétera.
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El memorioso que detenta el poder para transformar su patria en un extenso patíbulo no es cualquier vulgar tirano, es un hombre culto y visionario quien funge además de escritor, filósofo, teólogo, poeta, biólogo, thanatólogo, filólogo, gramático, músico, astrofísico, sexólogo, psiquiatra, psicoanalista, cosmólogo, todólogo, y ni más faltaba un hijueputa, un hijueputa genial. El autor de este escenario donde impera el ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta de la metralleta es un maestro consumado del humor negro, por lo cual el lector soltará de vez en cuando una sonora carcajada ante las locas ocurrencias de un dictador que ordena la ejecución de miles, de millones de ciudadanos, si bien a veces él mismo es el que fulmina con perversa delicia a los que considera un mal o peligro para la sociedad. Al recorrer estas memorias, es inevitable deleitarse con las sátiras e injurias que se desparraman a diestra y siniestra, y a través de las cuales el protagonista pone en su lugar a sus detractores, a personajes de la vida pública, o a sujetos que no le simpatizan: Uribe, Santos, Gaviria, Pastrana, Duque, Trump, el rey Juan Carlos, Uribito, Carrasquilla, Maduro, Petro, Antanas Mockus, Timochenko, Márquez, Santrich… faracos, paracos, papas, curas, toreros, carnívoros, congresistas, paridoras, tartufos, raperos, grafiteros, desechables, limosneros… y hasta escritores: Gabito, Vargas Llosa, Faciolince, Federico García Lorca, César Vallejo, Octavio Paz y el nadaísta de Cali, un tal Jota. Como quien dice Fernando Vallejo en estas memorias acaba hasta con el nido de la perra, y si pudiera exterminaría todas las religiones, la ortografía, la literatura y el idioma mismo. Y sobre todo libraría al Estado de los colombianos y a los colombianos del Estado; esto es, terminaría en el cadalso Colombia entera.
A propósito de aquel artículo irreverente que escribí alguna vez sobre Vallejo, uno de mis lectores comentó que incluso Vallejo en su peor versión escribía mejor que yo y que cualquier escritor colombiano vivo… y tal vez tenga toda la razón. Él es de hecho una vaca sagrada, la única vaca sagrada que respeto y venero, la que genera tumultos en eventos culturales, cuyos libros se agotan cuando salen a la luz, y como vaca sagrada indomable, auténtica y fiel a sí misma tiene derecho a cagarse en más de uno… a un genio como él se le perdona todo, o casi todo. Incluso celebramos el ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta de su metralleta, la cumbia con que le canta la tabla a muchos, por no decir a todos.
No sé porque presiento que Memorias de un hijueputa será su último orgasmo, un polvo rabioso que lo inmortalizará en el irreal y ubicuo polvo cósmico de la nada. Maestro Fernando Vallejo, usted partió nuestra historia en dos, pero como usted mismo dice: “Partir en dos la historia de Colombia se me hace como partir mierda”.
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Etiquetas: fernando vallejo, Memorias de un Hijueputa, último libro de Fernando Vallejo
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jueves, 2 de mayo de 2019
A LA DERIVA

¡Buenas! Hoy es jueves, mayo 2, 2019 y son las 9:42 pm
Horacio Quiroga
(1879-1937)
(Cuentos de amor, de locura y de muerte, (1917)
El hombre pisó blanduzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yararacusú que arrollada sobre sí misma esperaba otro ataque.
El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.
El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.
El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que como relámpagos habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento.
Llegó por fin al rancho, y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los dos puntitos violeta desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa. Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba.
—¡Dorotea! —alcanzó a lanzar en un estertor—. ¡Dame caña!
Su mujer corrió con un vaso lleno, que el hombre sorbió en tres tragos. Pero no había sentido gusto alguno.
—¡Te pedí caña, no agua! —rugió de nuevo. ¡Dame caña!
—¡Pero es caña, Paulino! —protestó la mujer espantada.
—¡No, me diste agua! ¡Quiero caña, te digo!
La mujer corrió otra vez, volviendo con la damajuana. El hombre tragó uno tras otro dos vasos, pero no sintió nada en la garganta.
—Bueno; esto se pone feo —murmuró entonces, mirando su pie lívido y ya con lustre gangrenoso. Sobre la honda ligadura del pañuelo, la carne desbordaba como una monstruosa morcilla.
Los dolores fulgurantes se sucedían en continuos relampagueos, y llegaban ahora a la ingle. La atroz sequedad de garganta que el aliento parecía caldear más, aumentaba a la par. Cuando pretendió incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda de palo.
Pero el hombre no quería morir, y descendiendo hasta la costa subió a su canoa. Sentóse en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allí la corriente del río, que en las inmediaciones del Iguazú corre seis millas, lo llevaría antes de cinco horas a Tacurú-Pucú.
El hombre, con sombría energía, pudo efectivamente llegar hasta el medio del río; pero allí sus manos dormidas dejaron caer la pala en la canoa, y tras un nuevo vómito —de sangre esta vez—dirigió una mirada al sol que ya trasponía el monte.
La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme y durísimo que reventaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrió el pantalón con su cuchillo: el bajo vientre desbordó hinchado, con grandes manchas lívidas y terriblemente doloroso. El hombre pensó que no podría jamás llegar él solo a Tacurú-Pucú, y se decidió a pedir ayuda a su compadre Alves, aunque hacía mucho tiempo que estaban disgustados.
La corriente del río se precipitaba ahora hacia la costa brasileña, y el hombre pudo fácilmente atracar. Se arrastró por la picada en cuesta arriba, pero a los veinte metros, exhausto, quedó tendido de pecho.
—¡Alves! —gritó con cuanta fuerza pudo; y prestó oído en vano.
—¡Compadre Alves! ¡No me niegue este favor! —clamó de nuevo, alzando la cabeza del suelo. En el silencio de la selva no se oyó un solo rumor. El hombre tuvo aún valor para llegar hasta su canoa, y la corriente, cogiéndola de nuevo, la llevó velozmente a la deriva.
El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, detrás, la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única.
El sol había caído ya cuando el hombre, semitendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza: se sentía mejor. La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho, libre ya, se abría en lenta inspiración.
El veneno comenzaba a irse, no había duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenía fuerzas para mover la mano, contaba con la caída del rocío para reponerse del todo. Calculó que antes de tres horas estaría en Tacurú-Pucú.
El bienestar avanzaba, y con él una somnolencia llena de recuerdos. No sentía ya nada ni en la pierna ni en el vientre. ¿Viviría aún su compadre Gaona en Tacurú-Pucú? Acaso viera también a su ex patrón mister Dougald, y al recibidor del obraje.
¿Llegaría pronto? El cielo, al poniente, se abría ahora en pantalla de oro, y el río se había coloreado también. Desde la costa paraguaya, ya entenebrecida, el monte dejaba caer sobre el río su frescura crepuscular, en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de guacamayos cruzó muy alto y en silencio hacia el Paraguay.
Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino. El hombre que iba en ella se sentía cada vez mejor, y pensaba entretanto en el tiempo justo que había pasado sin ver a su ex patrón Dougald. ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? Acaso. ¿Ocho meses y medio? Eso sí, seguramente.
De pronto sintió que estaba helado hasta el pecho. ¿Qué sería? Y la respiración también...
Al recibidor de maderas de mister Dougald, Lorenzo Cubilla, lo había conocido en Puerto Esperanza un viernes santo... ¿Viernes? Sí, o jueves...
El hombre estiró lentamente los dedos de la mano.
—Un jueves...
Y cesó de respirar.
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